Beltsville Maranatha

Iglesia Adventista del Septimo Dia
Mayordomía
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Director: Misael Alvarado
Sub :Jose Ruiz

Consejero :Pr. Jose Lizardo
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La mayordomía es un estilo de vida. Es el estilo de vida de una persona que reconoce y acepta el señorío de Jesucristo y trabaja en sociedad con Dios, actuando como su agente en la administración de sus negocios en la tierra.

La fiel mayordomía es el estilo de vida cristiana y el resultado feliz de una relación personal de seguridad en Cristo Jesús.

La mayordomía se originó cuando Dios creó a Adán y Eva a su propia imagen y estableció, con su toque personal, una relación íntima con la humanidad, relación que debería ir creciendo a lo largo del tiempo que pasarían juntos. El concepto de esa imagen compartida y de esa intimidad, también compartida, es fundamental para comprender el espíritu y la dinámica de la mayordomía bíblica.
Dios los hizo socios suyos en la administración de la creación, les otorgó el gobierno de la tierra (Génesis 1:26-28), y colocó todo el mundo bajo su custodia, en un gobierno compartido con él. El hombre ejerció por primera vez la mayordomía en el Edén al actuar como agente de Dios en la tierra. En ese sentido, se puede decir que Dios estableció una relación de interdependencia con la humanidad. El referente concepto de que Dios depende de la humanidad es crucial para nuestra aceptación de nuestra total dependencia de él.

Lamentablemente, la entrada del pecado en este mundo deformó y arruinó la creación y produjo una separación entre la humanidad y Dios. La Unión con Dios se rompió, la imagen divina se fue apagando, este gobierno compartido caducó, y esta tierra quedó dominada por el pecado.
Afortunadamente, Dios restauró esa relación divino humana al restablecer su reino sobre la tierra por medio de Jesucristo. Consecuentemente, el evangelio ofrece la reconciliación entre Dios y la humanidad. Cristo, al transformarse en el segundo Adán, reconquistó la mayordomía que fuera perdida por el hombre. Hoy, la mayordomía comienza cuando reconocemos la soberanía de Dios como Creador, Redentor, Sustentador y Propietario.
Al encarnarse, Cristo se identificó plenamente con la humanidad, personificándose así en él, en el Dios-hombre, la intimidad que Dios quería compartir con la humanidad. Su vida y muerte son el punto de partida para una nueva relación con Dios. La presencia viva de Jesús restaura, a través del ministerio del Espíritu Santo, la realidad de una intimidad compartida entre Dios y el hombre.
Jesucristo mostró, como modelo de mayordomo, cómo es el estilo de vida de una persona unida a Dios. Además, y a través de su ministerio en el cielo, entronizó a la humanidad con él (Efesios 2:6) y renovó la sociedad original de la humanidad con Dios. En esa sociedad, el agente humano funciona como regente bajo la autoridad de Dios. Cuando el creyente le permite a Dios vivir en el trono de su vida, Dios lo eleva y lo sienta con él en su trono. Todo el poder del cielo está disponible para ayudar a los mayordomos de Dios en su diario vivir.
Restaurar la imagen de Dios en la humanidad es parte del proceso de la Redención y, aunque ese proceso no se completa antes de la segunda venida, el proceso comienza aquí en la tierra. El Espíritu Santo trae la prometida presencia de Cristo a la vida del creyente (Juan 14:16-20), e inicia una nueva creación (2 Corintios 5: 1 7). La humanidad pecadora, salva por la gracia, comparte de nuevo la imagen de Dios (2 Pedro 1:4). A través del poder del Cristo viviente, el creyente que acepta este don está nuevamente en completa unión con Dios.
Cuando el creyente es entronizado por Dios en los lugares celestiales con Cristo, pasa a depender totalmente de él para todos los aspectos de la vida. Se puede decir que ahora Dios depende también de la humanidad, ya que eligió depender de sus creyentes para demostrar su poder y carácter al mundo. Esa nueva interdependencia entre el creyente y Dios es también el modelo para la relación del hombre con sus semejantes. La dimensión corporativa de la Iglesia como cuerpo de Cristo, con él como cabeza, refleja el máximo nivel de la sociedad o mayordomía entre Dios y el hombre. Cada parte del cuerpo, individualmente o como grupo, crece y madura por medio de la interdependencia. En la interdependencia con Dios, los miembros de su cuerpo también son inter dependientes. Al principio, la persona, o incluso un grupo corporativo, es totalmente dependiente del resto del cuerpo, pero con el crecimiento y la madurez va ganando la fuerza necesaria hasta que llega a ser capaz de contribuir con el cuerpo como un todo. Mayordomía es un ministerio importante para contribuir a ese crecimiento e interdependencia.
Los mayordomos reconocen el señorío de Dios y le entregan, a través del discipulado, todas las áreas de la vida. El discipulado (que mueve toda la vida en la dirección de Dios) ocurre bajo la dirección del Espíritu Santo, que va recreando en el creyente la imagen de Dios. La fiel mayordomía es el estilo de vida cristiana y el resultado feliz de una relación personal de seguir la verdad en Cristo Jesús.
Los asuntos del tiempo y el dinero son vitales en la mayordomía porque son las dos dimensiones más fluidas de la vida. La administración de esas dos áreas es lo que más rápidamente refleja e influye la vida espiritual de la propia persona. Dios creó el sábado como corona de la semana de la creación y le pidió a Adán y Eva que reposaran y lo adoraran antes de que hicieran cualquier otra cosa, como señal de que lo aceptaban como su Creador y Soberano. Dios estableció el sistema del diezmo y las ofrendas con el mismo propósito. A través del diezmo adoramos a Dios y lo reconocemos como nuestro Señor. Reconocemos que todo lo que somos y poseemos le pertenece a él. Dios pide que la primera porción de tiempo y la primera porción de nuestras posesiones materiales le sean dadas como una serial de que el creyente acepta una relación de pacto con Él. Entonces, Dios invita a la persona a vivir el resto de su vida en sociedad con él.

 

Esta es nuestra misión:
La misión del departamento de mayordomía es enfatizar el señorío de Cristo, fortalecer la integración del evangelio con el estilo de vida cristiano, fomentar una mayordomía fiel y facilitar las dimensiones espirituales, de liderazgo y corporativas de la mayordomía, como sociedad con Dios.